1) ¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir?
LR: Siempre me gustaron las letras pero empecé a tomarme la escritura en serio cuando nació mi primer hijo, en 1981. Recuerdo ese día como uno de los más felices de mi vida. Escribir es también una felicidad. No pocos, entre ellos William Henry Hudson, el autor de The Purple Land (La tierra purpúrea) han señalado afinidades entre los hijos y los libros de uno. Escribir es vivir en el tiempo breve de esta vida. Antes de pasar a otra realidad, o al olvido, el escritor dice, porque cree que tiene algo para decir que vale la pena. Así, hablando del pasado, dice para el presente, pero también deja huellas para el futuro, por cierto, también destinadas al olvido. Algo de eso encuentro en la motivación de mi escritura.
2) ¿Para quién escribes?
LR: Para un público lector medianamente instruido, de habla española, latinoamericano, para lectores que aceptan que literatura ofrece, si no vidas, al menos experiencias de vida vicarias. Escribo para lectores que tienen la flexibilidad de creer o saber que la realidad es mucho más rica de lo que la pintan, con fracturas y dimensiones abismales y que se compone, también, de ficciones escritas.
3) ¿Qué influencias reconoces en tu escritura?
LR: Me parece que ha pasado para mí un primer período de la creación en el que estuvieron presentes en mayor o en menor medida nuestros clásicos de Norte y Latinoamérica, y los del “Boom”, y algún italiano contemporáneo (Calvino, Eco). Ahora me resulta más difícil señalar influencias. Las influencias nunca son, porque no pueden serlo, directas. Hay prestigiosos linajes filosóficos, culturales, literarios, que se van pasando de generación en generación, es algo que hay que saber y aceptar. Tomemos por ejemplo el caso del escritor anglo-argentino Borges. Resulta que, apenas uno escarba un poco, se encuentra con que la idea aparentemente borgiana y tan deslumbrante que en un segundo está la eternidad y que un hombre es todos los hombres (cito de memoria) está, y muy bien razonada, en otros autores anteriores.
4) ¿Podrías poner más ejemplos de esto que estás desarrollando?
LR: Los modernistas hipanoamericanos, por ejemplo. Todos han pasado por (“vienen de”) el simbolismo francés, pero los autores simbolistas han recibido la influencia decisiva de... Swedenborg, nada menos, quien conoce bien a Plotino y Platón... No en vano tanto se habla de “hipotexto”, “hipertexto”, “intertextualidad”. En resumen, si no puede hablarse con propiedad de génesis sino acaso de poligénesis de una obra, siempre rosa de los vientos de acrevos más o menos universales, menos se puede afirmar de un autor que solo registra determinada(s) influencia(s). Se tratará siempre de grados de presencia.
Las influencias en un escritor pueden ser estilísticas también, no solo temáticas. Pero aun así, hay mucho de moda y mucho de transestilística en la literatura. Hay escritores con estilos que son originales en alto grado, pero que, reiterados en libro tras libro, pueden cansar.
5) ¿Qué temas abordas? ¿Por qué?
LR: Los temas, en cuanto abstracciones, son limitados en su cantidad y no podría aspirar acá a ningún tipo de originalidad. El amor, la muerte, la opresión, el viaje... El tema del libre albedrío, o, mejor, el de su falta, es algo que he frecuentado, indagado, asediado. ¿Hasta dónde elegimos, verdaderamente? Esta preocupación está relacionada con la idea de una inteligencia infinita creadora de Todo, o de su ausencia. Es evidente que si ella existe, no podemos tener una libertad ya que ese Hacedor o Hacedora tiene que saber qué ocurrirá con nosotros (conocer un instante es conocer la eternidad); luego, hay un destino. Y si no existe, nuestro desamparo puede resultar angustiante y la libertad asustarnos hasta la ilibertad. Por otra parte ¿hay realmente, en tal caso, libertad? Lo que ocurre no pudo haber ocurrido de otro modo –según parece– ya que ha obedecido a unas causas. En cualquier caso, hay ahí una tensión y ese es el sino de los humanos. Ese tema me parece central.
6) ¿Cuál es tu género preferido como lector?
LR: La poesía lírica. La buena poesía puede ser el non plus ultra de la experiencia estética. Es como cuando escuchamos concentradamente una buena obra musical, y nos parece que no hay mejor música en el mundo –en ese momento, al menos.
7) ¿Y como escritor?
LR: No he sido capaz de hacer poemas memorables, o, dicho más modestamente, de someter mi poesía al veredicto del libro y de los lectores. Solo, hasta ahora, en un librito de poemas con forma de haiku. Algo han gustado y eso me anima. Así que mi género preferido, como escritor, ha sido el cuento, género que por cierto tiene afinidades con la poesía lírica. Simplificando, podría decirse que el cuento es como ella igualmente intenso y como ella habla de un solo acontecimiento.
8) ¿Qué importancia han tenido para ti los concursos literarios?
LR: Son una institución esencial. En lo que respecta a la escritura, suponen que uno tiene una meta con una fecha límite para la entrega y que se prepara lo mejor que puede para cumplirla, así que tienen un algo de látigo y un mucho de zanahoria. Y he tenido la suerte de obtener algunos reconocimientos, en mi país y en el extranjero. He participado como jurado en algunos concursos. Uno ve el esfuerzo de decenas o de centenares de escritores y le apena tener que dejar afuera a la abrumadora mayoría. Sin embargo, he sabido que aunque no resultaran ganadores, ese concurso ha sido importante para los participantes porque los ha obligado a esforzarse y a mejorar su escritura.
9) ¿Qué opinas de la Feria Internacional del libro?
LR: Evidentemente, ha sido un éxito. Es esta una de las más importantes de América Latina y creo que hoy por hoy es la más importante de los países hispánicos de Sudamérica. Es un lugar de encuentro e intercambio de público, escritores, impresores y editores fundamental. Estoy impresionado. Para encontrar algo comparable hay que irse a México o a Europa.
10) ¿Qué pensaste cuando te enteraste del premio que ganaste del concurso organizado por la editorial (Sic)?
LR: Primero fue ese sentimiento de irrealidad que te asalta cuando te encuentras en una situación extrema, imprevista:”Esto no me está sucediendo a mí, ahora”. Luego experimenté un sentimiento de enorme alegría y gratitud. Hacia la creación, hacia la literatura, pero también hacia la editorial y los organizadores del concurso y, lo que es no menos importante, hacia el jurado. En verdad, no tenía yo mayores esperanzas de ganar porque el tema que aborda mi novela breve, que tiene mucho de histórica, no tiene muchos puntos en común, al menos en una primera instancia, con Colombia o con la historia colombiana, sino con Europa (con Italia) y con el Río de la Plata, de modo que sentí que el jurado había encontrado en mi texto valores específicamente literarios por encima de la temática abordada y por eso mi reconocimiento.
11) ¿Qué opinas del libro Aimarte, estás conforme?
LR: ¡Más que conforme! Es una edición lujosa desde el punto de vista de la calidad: el hermoso diseño de la carátula, el diseño gráfico, el tipo de papel, el tamaño y tipo de letra, el glosario náutico, el marcador... Ojalá que el contenido esté a la altura de tanta belleza formal. Ojalá que pueda ver una segunda edición, en la que yo haría algún retoque al texto.
12) ¿Qué opinas del concurso Álvaro Cepeda Samudio?
LR: Ha sido una inciativa excelente. Y por ser la primera vez que se hizo, una participación de 132 obras es algo que solo puede considerase como un gran éxito. La editorial (Sic) ha hecho algo que me parece es muy favorecedor de la escritura y de la excelencia: editar también las novelas de ocho finalistas. Ese estímulo es algo inimaginable en otros países de América Latina y aun de Europa. Yo diría que es algo único. Imagino lo que significará para tantos escritores participar en futuras ediciones del concurso sabiendo que aunque no resulten ganadores igual tendrán una oportunidad razonable de ver el libro editado. Además, está el aspecto conmemorativo, pues el concurso lleva el nombre de alguien del círculo literario de Barranquilla y de Gabriel García Márquez, de alguien que ha sido importante para la literatura y el periodismo colombianos y latinoamericanos.
13) ¿Qué opinión tienes de la literatura colombiana?
LR: Ya desde la época de la Colonia la literatura colombiana se ha destacado –estoy pensando por ejemplo en Rodríguez Freyle y su El carnero- entre las literaturas del continente. Carrasquilla, Silva, Rivera, García Márquez, son clásicos ineludibles. Pero además de esos gigantes hay autoras y autores en tal cantidad y calidad que hablan del enorme vigor que, pese a las contingencias de la política y la violencia, tiene la institución literaria en este país. Tenía de antes algunos amigos entre los escritores colombianos actuales, algunos incluso conocidos a través del correo electrónico, como Carlos Luis Torres Gutiérrez. A otros, como a Armando Romero, los había conocido personalmente. Esta visita a Colombia ha significado que pude estrechar más los lazos con los escritores de este hermoso país hermano.
14) ¿Qué libro eligirías como el mejor del mundo?
LR: El Quijote. En esto tampoco soy original; la opinión de los conocedores, libreros, editores y escritores de todo el mundo es bastante unánime. Lo disfruto casi cada semestre, cuando trabajamos algún capítulo con mis alumnos. Creo que es el mejor libro también en el sentido que ha dejado mucha escuela, mucha enseñanza, incluso de tipo ético. Es un modelo en múltiples sentidos.
15) ¿Cuál es el último libro que has leído? ¿Por qué?
LR: El libro de Auguste Blanqui L´éternité à travers des astres (La eternidad a través de los astros). En realidad lo he leído en traducción al español de Lisa Block. Es un libro importante, cuya filosofía se aplica, por ejemplo, en el borgiano “El jardín de los senderos que se bifurcan”. Blanqui razona desde la cárcel y, casi podríamos decir, demuestra, que un espacio infinito se presenta a través de lo indefinido; que presupone la eternidad y que, en ella, hasta el devenir es efímero. En la eternidad y en el infinito, dice Blanqui, no puede sino haber infinitos mundos paralelos. Esta idea, que fue formulada por él en el siglo XIX, está teniendo sin embargo sustento en las últimas teorías cosmológicas de la actualidad. Incluso se ha calculado con exactitud a qué distancia se encuentra el más cercano mundo –idéntico al nuestro en todo, y solo uno entre infinitos– donde vive mi, tu, nuestra exacta réplica. Cuando uno lee esas disquisiciones piensa con su autor que acaso la esperanza esté en las bifurcaciones.
16) ¿Participas en foros literarios?
LR: En Internet, sí, en pequeños foros. Con mayores o menores alternativas, con mayores pausas, sí he participado y participo. Pero me parece que para poder hacerlo bien hay que disponer de un tiempo mayor que el que yo dispongo. Hay que vivir la otra vida también, la realidad diaria del trabajo y otros menesteres. Los foros han de ser de pocos y conocidos participantes me parece, pero eso lo digo a partir de mi experiencia. Quizá suene algo elitista y haya otras que hablen mejor de la función e importancia del foro literario.
17) ¿Hay diferencias entre la escritura de mujeres y la de hombres?
LR: ¿Y usted, qué piensa? Como es una pregunta general puedo dar una respuesta también general también. Mucho tiempo pensé que no las había pero he revisado mi posición. Sí, hay diferencias. Se ven en la elección de temas, de estilos, de registros, de actitudes narrativas, poéticas o dramáticas. Me parece que la subjetividad tiene otras resonancias en la literatura escrita por mujeres. El mundo interior, psíquico, también. A veces parece que las mujeres disparan flechas semánticas en distintas direcciones al mismo tiempo y sin embargo logran dar en la diana, en una diana. La aventura, la acción, lo concreto, tienen en la escritura femenina un papel menos preponderante que en la escritura masculina. Diría que la escritura de mujeres es como son ellas, más sutiles y refinadas que los hombres, hablando, claro está, en general.
18) ¿Enseñas a escribir o aprendes a escribir?
LR: Las dos cosas. Durante unos años asistí a un taller literario y dirigí otro a título honorario. Ambas experiencias han sido buenas; en ambos casos de modo concreto aprendía y enseñaba a escribir. Ya no lo hago así, pero a través de la lectura aprendo, como todo el mundo, permanentemente. También escribiendo se aprende ya que hay que resolver cuestiones técnicas a cada paso. ¿Cuál es la mejor manera de contar esto, y esto otro? Siempre hay una pluralidad de formas y en la selección y elección de ellas uno aprende, así como de la crítica de los amigos y los lectores. En Internet, en Letralia, Tierra de letras, en la sección Taller, tengo unas reflexiones sobre el aprendizaje de la escritura. El aprendizaje es duración, es un gerundio que nunca cesa a poco que uno sea medianamente sensato. Así que decir que uno aprende no es una cuestión de modestia sino de puro sentido común. En verdad me gustaría trabajar en un taller literario pero la vida me impide hacerlo de modo gratuito y ya tengo un oficio que me permite estar cerca de la escritura, las letras y la literatura.
19) ¿Qué opinas de la literatura en Internet?
LR: De todo hay en la viña del Señor, como en cualquier biblioteca. Pero indudablemente Internet es el emprendimiento más notable de la humanidad en su camino a la biblioteca absoluta, instantánea y total. Hay proyectos como el Proyecto Gutemberg o el Proyecto Sherezade o la Biblioteca Cervantes que permiten acceder a costos ínfimos a ediciones que de otro modo serían inaccesibles. Incluso a ediciones interactivas. El carácter gratuito de la literatura en Internet debe mantenerse y debemos luchar por eso incluso a altos precios, si se me permite esta “boutade”, sobre todo el tener acceso a obras no protegidas por los derechos de autor, que caducan normalmente luego de 50 años de producida la muerte del autor. Por otra parte, solo una minoría de la humanidad tiene acceso a Internet, pero tiende a aumentar, por un lado, y por otro... eso no es culpa precisamente de Internet.
20) ¿Cuál es en tu opinión el futuro de la literatura?
LR: La verdad es que si uno mira a su alrededor no encuentra mayores razones para ser optimista con respecto al futuro de las civilizaciones, y mucho menos respecto al futuro inmediato –hablemos de decenios- de la literatura. Pero en algún lugar la llama del optimismo arde. Hoy hablar de optimismo es hablar de la no-extinción de la literatura. La comercialización, la civilización iconográfica y el comercialismo que nos agobian han sido amenzadas muy serias a la literatura. La filosofía no ha ofrecido grandes o novedosos avances en el último siglo. La literatura –la obra de algunos autores- y la retórica han llenado en parte, mal que bien, ese vacío notabilísimo de la filosofía y puede seguir haciéndolo. Por otra parte hay que imaginar que una parte de los humanos seguirá encontrando en las letras un oasis, un remanso y un ámbito para la reflexión, aunque más no sea por un movimiento de asco y cansancio de los efectos de la llamada globalización.
21) ¿Cómo puede la literatura competir con el cine, el vídeo y otros medios?
LR: Para empezar, la literatura no debería entrar en el juego competitivo. Habría que hablar de complementación más bien. Pero comprendo la pregunta, y mi respuesta es: Apostando a la calidad. Sin concesiones. El fuerte de la literatura es crear y ofrecer vidas vicarias, mundos posibles que se generan en la interioridad de cada lector. La mejor y más pintoresca descripción literaria no podrá nunca competir visualmente con la mejor y más pintoresca descripción cinematográfica. Pero las imágenes mentales que esa descripción literaria generará en el lector serán siempre mucho más vigorosas y duraderas que las del cine. Son lenguajes artísticos diferentes, cada uno con su idiosincrasia.
22) ¿Es suficiente el apoyo a la cultura y a la literatura en nuestros países?
LR: Por más apoyo que se le asigne, siempre será insuficiente. Pero hay que ser razonable y hablar de lo posible. Y dentro de lo posible, hay que comprobar y decir que es absolutamente insuficiente. Con lo que se gasta en presupuesto militar, con lo que cuesta un solo avión supersónico que apenas transcurridos diez años será objeto de museo, se podría favorecer tanto la cultura y la literatura en nuestros países. Muchas veces los políticos piensan que una inversión en la cultura no da réditos, ni inmediatos ni mediatos. Pero están equivocados. En lo inmediato, sí hay unas industrias culturales que de algún modo mueven la economía. Piénsese por ejemplo en las oportunidades de trabajo que se generan con la edición de un libro. Y, en un sentido mediato, se puede asegurar que un pueblo culto va a beneficiar a la economía. Lo mismo ocurre con las inversiones o no-inversiones en la protección del medio ambiente.
23) ¿Cómo es la vida literaria en Suecia?
LR: Muy activa. No hay tantos premios literarios como en España o en América Latina pero los grandes periódicos tienen unas secciones formidables dedicadas a los libros, a la cultura en general. También en la televisión, en los dos excelentes canales oficiales hay espacios, muy populares, dedicados a la crítica y difusión del libro. Hay una importante Feria del Libro, que se realiza en Gotemburgo en setiembre, cada año. Es muy grande. No es como la de Frankfurt, desde luego, pero la población de Suecia es diez veces menor que la de Alemania. El sueco es un pueblo culto. La gente concurre a las abundantes bibliotecas públicas, que tienen un buen y muy buen estandar y servicios. Todo eso se ha logrado con luchas y ahora, concretamente, penden muchas amenazas sobre las bibliotecas municipales, por ejemplo.
24) ¿Qué papel cumple en Suecia la Asociación de escritores?
LR: Es un papel importante. Aunque no es un sindicato, defiende los intereses de los escritores frente a las editoriales, organiza encuentros, difunde noticias y eventos, facilita información e intercambios. Opino que podría tener un perfil más marcado y activo en la vida pública, pero no podría quejarme de lo mucho y muy bueno que hace. La Asociación de escritores también ofrece becas para escritores, con dinero de fondos que se generan de los préstamos de libros, royalties y asignaciones estatales.
25) ¿Cuántos escritores de habla española hay en Suecia?
LR: te puedo decir con bastante exactitud, pues he estudiado el tema. Si se considera escritor a quien ha publicado por lo menos un libro, hay unos setenta escritores hispanohablantes. La mayoría son del Cono sur, pero Colombia está bien representada.
26) ¿Reciben apoyo, de qué tipo?
LR: No, no reciben un apoyo solo por el hecho de ser escritores de habla española. Los escritores en general reciben apoyo, pero no más que otros grupos. Apoyo estatal en el sentido de que hay instituciones estatales como el Consejo Estatal de Cultura que implementa la política gubernamental hacia la cultura.
27) ¿Qué estás escribiendo ahora?
LR: En realidad estoy en la primera etapa de varios proyectos a la vez: por ahora lo que hago es acumular material. Se trata de uno dos poemarios, algunos cuentos y una novela. Primero tomo apuntes, registro ideas, hago esbozos. También escribo mentalmente, es decir, voy pensando, estoy pensando mucho tiempo en ese material. Luego, sé por experiencia que en algún momento la cantidad va a transformarse en calidad y ya solo será cuestión de dedicarle tiempo y energía. Así trabajo cuando no tengo una meta o un encargo determinado. Si tengo un objetivo realizable y una fecha de entrega razonable, sólo me siento, escribo y por lo general alcanzo la meta. Pero como no soy un escritor profesional, aunque confieso que me gustaría serlo, es mejor trabajar de acuerdo con lo posible y dejarse un poco llevar por los vaivenes de la superficie de la realidad. Abajo, claro, está el océano.
28) ¿Como escritor, has frecuentado la poesía?
LR: Si se entiende por frecuentar leer y escribir poesía, sí. Leo y escribo poesía, pero como dije antes no he publicado sino un solo librito de poesía. Se llama X-2000, que es el nombre del tren a bordo del cual escribí, a lo largo de meses, las piezas que componen el libro. Lo hice en el trayecto que une o separa Gotemburgo, la ciudad donde viven mis hijos, de Uppsala, la ciudad donde trabajo. Es arduo trabajo escribir un buen verso, más aún escribir un buen poema. Creo que hay que estar particularmente dotado para ser poeta. Para tener esa capacidad deslumbrante de ver todo con ojos de primera vez, siempre, de ver ovejas en el cielo en vez de nubes o formas. Es algo que nunca me cansaré de admirar y de, sanamente, envidiar en los poetas.
29) ¿Y el teatro?
LR: Si se entiende por frecuentar el leer teatro, asistir al teatro, sí. Si frecuentar quiere decir escribir teatro, no. Solo he escrito iuna pieza, que creo es irrepresentable porque tiene demasiados roles. Es un desafío que me ha tentado varias veces. Tal vez pueda emprenderlo alguna vez. Se trata de tener tiempo.
30) ¿Cuándo y cómo escribes?
LR: Por lo general, de noche. Muchos de mis cuentos han sido producto de insomnios. Pero cuando puedo, también escribo de día. Escribir es también ir pensando, ir tomando notas. Escribo intensamente, corrijo y cambio mucho, trato de dejar que el texto haga su “tiempo de cajón”, o sea, que transcurra un buen tiempo sin que lo lea, relea o retoque. En realidad, habría que hablar de “tiempo de carpeta” o de “tiempo de archivo”: los textos descansan en su soporte elctrónico en mi computadora y en las copias de los disquettes. Son cajones virtuales. A veces una palabra, una idea, una situación da lugar a un texto más extenso. Sobre todo si contienen una paradoja o una contradicción. No hay que menospreciar el valor de una idea, de una situación, de una plabra para la creación. El árbol está ya en la semilla. Una vez soñé que a los Reyes Magos les robaban los camellos en el medio del desierto. Esa situación onírica y algo cómica dio lugar, después de innumerables versiones, cambios, idas y venidas, a mi novela La mercadera, con la que obtuve el premio nacional de literatura (en la categoría narrativa inédita) en el año 2000 en mi país natal.
31) ¿Cuál es en tu opinión la tarea más importante del escritor?
LR: En este mundo violento e injusto en el que vivimos, dedicarse a una actividad no violenta y justa –o al menos promotora de la justicia- es lo mejor que cualquier ser humano puede hacer. La escritura literaria es una actividad normalmente pacífica y justiciera, digamos. Por desgracia, y quizá cada vez más, la literatura es elitista y está dirigida a una elite, a una minoría. En un mundo cultural y socialmente horroroso, producir objetos culturales con una dimensión etico-estética ya es algo. Hay que tratar de que alcancen a los más, no a los menos que tienen dinero para adquirirlos. Si uno lo hace consecuentemente puede irse a la fosa con cierta sonrisa satisfecha. Con esto digo que la tarea más importante del escritor es escribir lo mejor que pueda una literatura estéticamente sustentable y con unos valores éticos que apunten a la justicia social. (Esto se dice fácilmente. Me hago cargo de que estoy remitiendo a la cuestión de quién, cómo, desde dónde define qué es ética, qué es belleza y qué es justicia social, y dilucidar eso requiere más espacio).
32) ¿Quiere decir que el escritor no debería participar en política?
LR: Desde luego que el escritor, como el jardinero, la jueza o cualquier otra profesión o actividad que se elija, es ante todo un ciudadano, y el ciudadano puede y yo diría debe participar en los asuntos de su polis. Opinando, proponiendo, discutiendo, eligiendo o incluso absteniéndose de votar, se hace política. Pero si el escritor hace esto o aquello, si pronuncia un discurso o se presenta como candidato, lo hace en primer lugar en calidad de ciudadano, no de escritor. Que una persona escriba ficciones o poesía no quiere decir que tenga un pase libre a la sabiduría, ni siquiera a la sensatez. Por eso opino que la palabra de un escritor no debería valer en política ni más ni menos que la de cualquier otro ciudadano.
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